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NEURAS PARLANCHINAS

CREERÁN QUE ESTOY LOCA. ENTONCES ESTÁN EN LO CORRECTO...

viernes, 10 de septiembre de 2010

El viento en mi mundo de cristal

Recuerdo que caminaba sóla afuera de mi mundo de cristal. Era una día en donde el sol quemaba la piel de quien lo tocara y las lagunas se encontraban lejos, así que no había manera de refrescarme. Continué caminando, recolectando cualquier tipo de curiosidad que encontraba en mi camino entre ellas mis flores favoritas, siete maravillosas calas blancas a quienes sembraré con mucho amor y cuidado, pues son muy delicadas.
Después de andar por varios kilómetros, subí una colina en donde me encontré con una maravillosa seiba, cuya grandiosa copa me arropó de los (algunas veces) hirientes rayos del señor sol. Se que me senté, muy agotada, y me quedé dormida... Lo más extraño es que desperté en mi mundo, y no bajo la copa de la seiba que me arropaba.

No se si fue un sueño, o no. Mientras dormia el viento había llegado, y no lo sentí pues fue muy sigiloso y delicado. Sin embargo, con mis ojos entre abiertos lo vi dandome conforto, abrazandome, tocando mi piel, mis labios, acariciando mi cabello y mis mejillas. Mientras me protegía del sofocante calor me preguntó si lo invitaría a mi mundo de cristal, pues en su mundo no habían otros vientos para hacerle compañía, él era el único y se sentía solo. Me dijo que quería aprender de mí y mi mundo, queía saber como era vivir en el, tenía curiosidad de compartir algo conmigo pero no estaba seguro de poderlo hacer estando en mundos diferentes. Recuerdo que le había dicho que era bienvenido, siempre y cuando fuera cauteloso y cuidadoso, porque el cristal puede romperse. El viento me dijo que sería precavido pero que no garantizaba nada, pues somos de mundos distintos, mas si iría a mi ritmo ya que, al fin y al cabo, es mi planeta.

No se si fue un sueño, o no. Se que el viento aceptó mi invitación. Espero que le guste andar en mi mundo, así como espero que vea las cosas positivas y negtivas de él y, aun así, no quiera irse. Pocas veces mi puerta de cristal es abierta para otros; no obstante, la puerta esta abierta para el viento entrar y hacerme compañía.

viernes, 23 de abril de 2010

YO

Hacía días que no llovía, y parece que seguirá así durante toda la semana. Curitiba (Brasil) es la ciudad con el clima más impredecible de todos; si quieres experimentar las cuatro estaciones, basta con pasar un día en esta región sureña. No me agrada (el clima) y tampoco me desagrada, es simplemente un poco incómodo a la hora de escoger el guardarropas. Es toda una estrategia pues tienes que combinar conforto, armonía y seguridad - del frío y de la lluvia.

Vivo en Brasil desde hace un año y poco. No quería venir. Me costó una y parte de la otra ver el lado positivo de esta mudanza. Fue como pasar por una terrible tortura y después de tanto sufrimiento te rindes y lo dejas a la suerte, sólo que con un final - supongo yo - feliz. Se que suena súper dramático y exagerado, pero así me sentí por unos cuantos meses. ¿Quién no se siente deprimido y con ganas de mentarle la madre al universo cuándo tienes que dejar todo aquello que conoces y por lo que sientes tanto amor? Además sin previsión de regresar porque, sinceramente, no se cuando vaya a Venezuela otra vez. Y ni me siento triste por eso. O ¿será que soy una descorazonada que no siente nada por su país? Cuánta insensibilidad de mi parte; no es que no lo ame, es que no quiero regresar. No por ahora. No por un buen tiempo. ¿Es eso insensible? ¿Triste?

En fin, esa soy yo: Un periodista venezolana; al parecer una insensible. Una inmigrante que vive dentro de un coloso. Soy una estadística. Una desconocida que está construyendo un nuevo presente y vitaminando mi pasado. Sin amigos - sólo conocidos - me abro camino en una nueva aventura en el viaje de mi vida.